AVISO IMPORTANTE: Antes de nada, un poco de aire. Esto es puro humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o una señal de que la temporada está apretando más de la cuenta). No se me enfaden, que el buen humor es lo único que no cuesta dinero en el presupuesto anual.
Después de años viendo pasar maletas, llaves maestras y alguna que otra crisis de overbooking, una aprende que el cargo de “Director” es como el buffet: hay de todo, pero no todo digiere igual de bien.
Aquí tenéis a los cuatro jinetes del apocalipsis hotelero:
1. El “General de Despacho” (El de la vieja escuela)
Este cree que el hotel es un regimiento. Su mayor placer en la vida es pasar el dedo por el dintel de una puerta a las siete de la mañana para ver si la Gobernanta ha hecho los deberes.
- La realidad: Te cuenta que él empezó limpiando ceniceros con 14 años y que “la juventud de ahora no aguanta nada”.
- Su frase: “En mis tiempos esto se hacía con un cepillo de dientes y voluntad”.
- El diagnóstico: Vive en 1994, pero tiene la llave de la caja de caudales, así que le sonreímos y esperamos a que termine su batallita diaria.
2. El “Iluminado del Master” (El de los anglicismos)
Suele ser joven, lleva un traje que le queda un poco grande y habla un idioma que no es ni español ni inglés. No sabe dónde está el cuarto de la caldera, pero tiene tres aplicaciones para medir tu “productividad”.
- La realidad: Te pide un “report de sinergias operativas” mientras tú estás intentando que no se inunde la lavandería.
- Su frase: “Hay que optimizar el customer journey para potenciar el engagement”.
- El diagnóstico: Si se va la luz en el hotel, no sabe volver a su sitio sin el GPS del iPhone.
3. El “Fantasma de la Ópera” (El invisible)
Sabes que existe porque su coche está en el parking, pero es más difícil verle que a un cliente pagando el minibar sin rechistar.
- La realidad: Solo aparece cuando viene “La Propiedad” o cuando hay canapés de por medio. Su despacho es un búnker donde se refugia de las quejas de recepción.
- Su frase: “Mándame un mail y lo vemos en la próxima reunión”.
- El diagnóstico: Tiene el don de la desaparición ninja justo cuando llega un grupo de 50 turistas enfadados porque no hay toallas de piscina.
4. El “Coleguita-Bombero” (El que lo arregla todo… mal)
Va de enrollado. Te da una palmada en la espalda, te pregunta qué tal los niños y te dice que “aquí todos somos uno”.
- La realidad: Es su táctica para que te comas el marrón de turno sin rechistar. Te pide que “aprietes un poco” mientras él se va a un almuerzo de relaciones públicas.
- Su frase: “Venga, hazme este favor personal, que luego nos tomamos algo”.
- El diagnóstico: El “algo” nunca llega, pero el trabajo extra de ese domingo te lo llevas puesto de recuerdo.
Al final, los hoteles funcionan porque el equipo de base sabemos que, mande quien mande, las camas no se hacen solas y el cliente quiere sus sábanas blancas.
