Ayer me pasó otra vez. Estaba en el coche, a cinco minutos de entrar al hotel, y las lágrimas empezaron a caer. No era por un problema concreto, no era por una habitación mal revisada o una baja de última hora. Era, sencillamente, porque ya no podía más.
Si eres gobernanta, sabes de qué hablo. Nuestro trabajo es invisible cuando sale bien, pero crítico cuando algo falla. Somos el nexo entre la dirección, los clientes y el equipo de pisos. Y a veces, esa presión se convierte en un nudo en el estómago que nos acompaña desde que suena el despertador.
Rompamos el tabú: No eres “débil”
En nuestro sector se valora la resistencia, la mano dura y la capacidad de resolución. Parece que las gobernantas tenemos que ser de hierro. Pero aquí va la primera verdad: ir a trabajar llorando no es falta de profesionalidad, es agotamiento emocional.
Si te sientes así, no es porque no seas capaz. Es porque:
- La carga de trabajo ha superado tus recursos personales.
- El ambiente laboral puede estar rozando la toxicidad.
- La falta de reconocimiento está minando tu autoestima.
¿Qué podemos hacer cuando el cuerpo dice “basta”?
- Escucha a tu llanto: No lo reprimas, pero analízalo. ¿Lloras por cansancio físico, por la mala relación con un superior o porque te sientes sola en tu puesto? Identificar el “por qué” es el primer paso para buscar una solución.
- Establece límites de hierro: Como gestoras, tendemos a llevarnos los problemas a casa. Si el teléfono no deja de sonar en tu tiempo libre, empieza a apagarlo. El hotel seguirá en pie sin ti por unas horas.
- Busca apoyo (de verdad): Habla con otras compañeras del sector. Te sorprendería saber cuántas hemos pasado por lo mismo. A veces, verbalizar el estrés le quita peso.
- Prioriza tu salud: Si la situación te está afectando físicamente (insomnio, ansiedad, llanto diario), es hora de acudir a un profesional o considerar una baja por estrés. Tu puesto de trabajo se puede reemplazar en una semana; tu salud, no.
Ser gobernanta es una profesión preciosa, pero es solo eso: una profesión. No dejes que el brillo de las estrellas del hotel apague tu propia luz. Si mañana no estuvieras, el hotel contrataría a otra persona. Pero tú solo tienes una vida y una salud.
Hoy te escribo a ti, que estás en el vestuario secándote las lágrimas antes de salir al pasillo: Te veo, te entiendo y no estás sola. Es hora de cuidarte a ti primero.

Ufff… parece que me estuvierais viendo…
GRACIAS 🫂