A veces me pregunto si quienes diseñan los ratios en ciertos hoteles viven en la misma dimensión física que nosotros. Se habla mucho de “excelencia” y “hospitalidad”, pero bajemos al pasillo y hablemos de la realidad de muchos establecimientos: 23 habitaciones en 6 horas reales.
La cuenta que nadie quiere hacer
Hagamos matemáticas básicas, de esas que parece que en los despachos se olvidan:
- Jornada: 07:00 a 15:00 (8 horas).
- El “mordisco” al tiempo: 1 hora de zonas nobles + 30 minutos de desayuno + el tiempo de doblar toallas a mano (sí, como si no hubiera lavanderías industriales).
- Tiempo real en habitaciones: 6 horas (360 minutos).
Si dividimos esos 360 minutos entre 23 habitaciones, nos salen apenas 15 minutos por habitación.
Y aquí viene el giro dramático: “No llames a las puertas a primera hora, que el cliente se molesta”. Es decir, el margen de maniobra se estrecha tanto que esos 16 minutos se convierten en una carrera de obstáculos donde el cronómetro es tu peor enemigo.
El anacronismo de “doblar la toalla”
Que en una estructura que pretende ser profesional el equipo de pisos tenga que perder tiempo doblando lencería manualmente es, sencillamente, gestión del siglo pasado. Es restarle minutos de oro a la desinfección y al detalle para hacer un trabajo de producción que no nos corresponde.
¿A qué aspiramos?
Seamos realistas: con estos ratios y estas restricciones, la empresa no aspira a la calidad. Aspira a la supervivencia.
Cuando se ignora que el Housekeeping es el corazón del hotel y se pretende que hagamos magia sin tiempo, el resultado es un pésimo servicio. No es falta de ganas del equipo, es una incapacidad matemática impuesta desde arriba.
La modernidad en un hotel no es tener WiFi de alta velocidad; es entender que la limpieza requiere procesos lógicos y respeto por los tiempos humanos. Si el ratio es imposible, la calidad es una mentira que nos contamos en las reuniones de dirección.
