Como gobernanta, mi día a día es una carrera de obstáculos: una avería de última hora, un check-in temprano, ese pedido que no llega… Problemas con solución. Pero hay un muro contra el que choco año tras año y ante el cual no tengo herramientas de gestión: la temporalidad crónica.
Es frustrante, y es hora de hablar de ello con total honestidad.
El ciclo infinito: Formar para dejar ir
Pasamos meses seleccionando, enseñando los estándares de la casa y puliendo detalles para que el servicio sea excelente. Y cuando por fin el equipo es una máquina engrasada, llega el fin de la temporada.
La realidad es cruda:
- La huida de talento: No es que el personal no quiera quedarse; es que necesitan comer todo el año.
- La negativa empresarial: Por mucho que insistamos en la importancia de los contratos fijos para fidelizar, a menudo nos topamos con un “no” por respuesta basado en números fríos.
- La desmotivación: Es difícil pedir compromiso máximo cuando el trabajador sabe que tiene fecha de caducidad.
¿Se puede luchar contra la marea?
Sinceramente, contra la duración de la temporada no puedo luchar. No puedo estirar los meses de verano ni hacer que el sol brille en invierno si el hotel decide cerrar. Tampoco soy quien firma los contratos de larga duración.
“Como gobernanta, me siento a veces como un director de orquesta que cada temporada tiene que enseñar a leer partituras a músicos nuevos, sabiendo que en unos meses se llevarán su talento a otra parte.”
Mi papel (y el tuyo) en este escenario
Si bien no podemos cambiar la política de empresa de la noche a la mañana, nuestra labor se convierte en una labor de resistencia y humanidad:
- Aceptación sin culpa: Entender que la marcha del personal no es un fallo en nuestro liderazgo, sino una consecuencia del sistema. Si alguien bueno se va porque busca estabilidad, alégrate por ellos.
- Sistematización absoluta: Ante la rotación inevitable, la clave es tener procesos de formación tan claros y sencillos que el “aterrizaje” del personal nuevo sea lo menos traumático posible para el departamento.
- Ser el refugio, no el látigo: Si la empresa no ofrece estabilidad laboral, nosotras debemos ofrecer, al menos, un ambiente de trabajo humano. A veces, un equipo que se siente valorado aguanta un poco más, aunque sepamos que el adiós es inevitable.
La temporalidad es la gran herida abierta de nuestro sector. Mientras las estructuras no cambien, nos toca seguir siendo magas del tiempo y de los recursos humanos, haciendo malabares con lo que tenemos y manteniendo la dignidad del servicio, aunque cada temporada tengamos que volver a empezar de cero.
