Hoy no voy a hablar de ratios de limpieza, de costes de ocupación, de amenities sostenibles ni de ergonomía. Hoy no toca repasar cuadrantes ni analizar la última tecnología aplicada a los pisos. Hoy quiero hablar de salud mental. De la mía, concretamente.
Sé que este texto puede incomodar. Quien se dé por aludido, lo siento, pero a veces un espejo es lo único que nos puede hacer reaccionar. Un poco de reflexión nos viene bien a todos.
Llevo 34 años en este sector. Si me detengo a pensar en las cosas buenas que me ha dado… bueno, permitidme que tarde un poco en encontrarlas. Porque la realidad, la que se queda grabada a fuego, es que la balanza se inclina hacia el otro lado. A lo largo de más de tres décadas, he sufrido abuso de poder, trato discriminatorio, estrategias de acoso y derribo, y engaños. He visto cómo se retorcían las normas y las leyes a conveniencia de otros, y cómo se aprovechaban de mi falta de asertividad y de lo que hoy tiendo a llamar un “altruismo patológico”.
Me han hablado mal. He tenido que soportar infinitos comentarios machistas y sexistas. He vivido situaciones donde el roce o el toque inapropiado se camuflaba bajo el paraguas de “una broma”. Me han amenazado. Me han tenido disponible las 24 horas del día, asumiendo funciones que jamás me correspondieron cuando a la organización le interesaba, para luego pasar a ignorarme y hacerme el vacío cuando ya no les venía bien.
Esto es solo lo que me viene a la mente a bote pronto. Si me pongo a escarbar, la lista crece. Y hay otras tantas cosas que, por salud, hoy prefiero callar.
Ante todo esto, pregunto abiertamente: ¿A alguien le extraña de verdad que lleve años arrastrando una depresión y que necesite una baja?
Sé perfectamente que algunos, dentro de la propia empresa, me tildan de “dramática” o de “exagerada”. Y yo me pregunto: ¿quiénes son ellos para juzgar los sentimientos ajenos? Nadie tiene derecho a medir el dolor de los demás desde su posición de comodidad, ni a minimizar el desgaste de quien ha estado en primera línea aguantándolo todo.
Todo esto lo he pasado sola. Totalmente sola. Gestionando el día a día y manteniendo la compostura frente a una directiva ausente, ciega e inoperante. Nos encontramos con una dirección que no escucha, que no respeta y que no cuida ni defiende a su personal. Se olvidan de lo más básico: el equipo humano es el activo más valioso que tiene una empresa. Si destruyes o ignoras a las personas que levantan los cimientos, te quedas sin nada.
Pero en realidad, todo el personal está ya más que acostumbrado a que la dirección se vaya por la puerta de atrás al mínimo problema o mire para cualquier otro lado. Es una huida constante de sus responsabilidades. No les interesan los ratios, ni la carga física y mental que soportamos, ni la calidad del servicio que ofrecemos; solo miran los beneficios económicos y cómo reducir gastos a costa de lo que sea.
Y sé que mi caso no es una excepción aislada. Estoy completamente segura de que en mi propio centro de trabajo habrá más de una persona que se sienta plenamente identificada con estas palabras. Me atrevo a decir que, por lo menos, el 80% de la plantilla en mi centro sufre de burnout, por no decir más. Es un agotamiento crónico, sistémico, fruto de un entorno que exprime hasta que ya no queda nada.
Este blog nació principalmente para crear comunidad, para que nos apoyemos y sepamos que no estamos solas en esto (y sí, también para elevar nuestra profesión, pero la base es arroparnos mutuamente). Y arroparnos también significa decir basta. Basta de normalizar el desprecio, basta de camuflar el abuso bajo la etiqueta de “exigencia”, basta de invalidar psicológicamente a las personas llamándolas exageradas y basta de utilizar la buena fe de las profesionales como combustible barato.
A veces, el mayor acto de liderazgo, de dignidad y de supervivencia que nos queda es parar y protegernos a nosotras mismas.
Soy una persona sensible, soy buena, tengo luz y no me avergüenzo de llorar ni de dejar ver mis emociones. Nos han enseñado a ocultar la vulnerabilidad como si fuera un defecto, cuando en realidad es nuestra mayor fortaleza. Si las personas fuéramos más honestas, más auténticas y tuviéramos la valentía de mostrarnos tal y como somos, sin máscaras, este sector y este mundo serían un lugar muchísimo mejor.

Todo cierto,y a pesar de todo siempre has estado ahí a pie de cañón, a pesar de sufrír tú, siempre dandolo todo por tu equipo,y por quién no lo merece,asi eres tú,una gran persona,y de la que todo el mundo quiere abusar por qué no sabes decir no a pesar de todo,aun pasandolo mal siempre ayudando,la mejor persona que he conocido,a la que admiro y quiero, tendrían que aprender un poco de ti, no cambies nunca😘
Tú me quieres mucho, no eres objetiva 😁