¡Hola, compañeras! Seguro que más de una me va a entender perfectamente. Esta semana ando dándole vueltas al cuadrante, pero no por un problema de ocupación o de falta de manos, sino por algo mucho más humano: se acerca la Fiesta del Cordero.
Tengo en la plantilla a siete chicas musulmanas. Para ellas, este es uno de los días más importantes del año, un momento sagrado para estar en familia, cocinar, celebrar y desconectar de todo. Por organización del hotel, el límite máximo para dar fiesta ea diario es de cuatro personas a la vez si queremos que el servicio salga adelante. Pero, sinceramente, cuando miras a tu equipo a los ojos, los límites están para intentar superarlos.
Tengo una semana por delante para hacer encaje de bolillos. ¿Mi meta? Que no se quede ninguna sin su fiesta. Voy a intentar por todos los medios que libren las siete.
Sé que habrá quien piense que para qué complicarse la vida si cumpliendo el límite de cuatro ya cumplo con el expediente. Pero es que gestionar un departamento de pisos no es solo repartir habitaciones y revisar sábanas; es entender el lado humano de quienes arrastran el carro cada día.
Estas chicas se dejan la piel todo el año, aguantan el ritmo infernal de la temporada alta y responden cuando las necesitas. ¿Cómo no voy a intentar mover cielo y tierra ahora que son ellas las que me necesitan a mí?
A veces nos obsesionamos con las tablas, las ratios y las horas, y nos olvidamos de que el motor de nuestro trabajo son las personas. Si tengo que pasarme horas cambiando días libres ordinarios de sitio, hablando con unas y con otras, y estirando el planning para que todas puedan estar con sus familias, lo haré encantada.
Porque una gobernanta no solo lidera con autoridad, lidera con empatía. Y un equipo que se siente respetado, valorado y cuidado en sus días grandes, es un equipo que luego responde con el alma cuando las cosas se ponen difíciles.
Voy a por ese cuadrante. Deseadme suerte, porque esta semana el objetivo no es que el hotel brille, ¡es que mi equipo sonría!
