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¿Privacidad o “Diógenes”? El dilema de la habitación búnker

Publicada el 10/05/202610/05/2026 por Pilar Maldonado

Hoy vengo a poner sobre el carro un tema de esos que nos revuelven un poco el estómago (y el cuadrante): el cartelito de “No Molestar” que se queda a vivir en la puerta.

Todas conocemos al perfil. No es el cliente que se ha ido de fiesta y duerme la mona. Hablo de ese huésped, muchas veces de larga estancia, que decide que su habitación es su castillo y que el servicio de limpieza es el enemigo. Pasan dos, tres, cinco días… y el cartel sigue ahí, mirándonos con cara de “aquí no entra ni el aire”.

Cuando el “No Molestar” se nos va de las manos

Seamos sinceras: al principio, si hay mucho lío, hasta lo agradecemos. “Mira, una menos para el ratio”, pensamos. Pero cuando pasan 48 horas, a la Gobernanta se le enciende el radar. Porque sabemos lo que hay detrás de esa puerta:

  • Montañas de toallas usadas que ya han cobrado vida propia.
  • Botes de comida a domicilio acumulando un ecosistema de bacterias.
  • Y ese olor… ese aroma a “humanidad concentrada” que se mete por debajo de la puerta y te avisa de que, cuando ese cliente haga el check-out, vamos a necesitar un exorcista y tres botes de ambientador industrial.

¿Dónde termina su derecho y empieza nuestro deber?

Aquí viene el lío. Recepción te dice: “Es que no quiere que le toquen nada”. Y tú piensas: “Ya, pero es que mi camarera no tiene por qué enfrentarse el domingo a un basureo por el mismo precio”.

No es solo estética, es higiene y seguridad. Un cliente que no deja entrar a nadie en tres días puede estar enfermo, puede haber roto algo o, sencillamente, puede estar destrozando el activo del hotel (nuestras queridas habitaciones).

Mi consejo “de trinchera”

Si me aceptáis la sugerencia , yo lo tengo claro: la regla de las 48 horas.

  1. A las 48 horas: Llamadita de cortesía. “¿Está todo bien? ¿Necesita toallas limpias?”.
  2. A las 72 horas: Se entra sí o sí. Por protocolo de seguridad. Se le explica al cliente que es política de la casa para verificar el estado de las instalaciones.
  3. El “Suplemento de Guerra”: Si al final entramos y aquello parece el escenario de una película de terror, hay que ser valientes y hablar con dirección. Si hay que hacer una limpieza profunda de 4 horas para recuperar esa habitación, eso tiene que reflejarse en la factura o, al menos, en un aviso serio.

¿Y vosotras? ¿Cuánto tiempo dejáis que un cliente se encierre en su búnker antes de entrar con el equipo de intervención? ¿Os ha pasado alguna vez eso de entrar y desear haber llevado un traje de astronauta?


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