Hay una frase que todas las gobernantas llevamos tatuada: nunca llueve a gusto de todos. Pero seamos sinceras, a veces no es que no llueva a gusto, es que hay quien prefiere abrir el paraguas de la queja incluso cuando hace sol.
Gestionar un equipo de pisos no es solo repartir llaves; es encajar un puzle de cargas de trabajo, tiempos y tipos de habitación. Y aunque el reparto sea equitativo y justo, siempre aparece el mismo estribillo: “Es que a ella la ayudan más”, “Es que yo tengo más trabajo”.
La realidad frente al victimismo
Seamos claras: si una planta recibe un refuerzo en un momento puntual, no es por capricho ni por amistad. Es porque hay tres salidas de familia, un cambio de lencería extra o una limpieza a fondo que no puede esperar.
Sin embargo, hay un perfil que todas conocemos: la que prefiere hacerse la víctima.
- Aquella que no se para a pensar en la logística del hotel.
- La que utiliza la queja como llamada de atención constante.
- La que piensa que, si protesta lo suficiente, conseguirá que le quiten carga de encima a costa de los demás.
Mi política: Datos, no dramas
A estas alturas, el victimismo ya no nos sorprende, pero tampoco nos condiciona. Como gobernanta, mi responsabilidad es que el hotel brille y que el equipo trabaje en igualdad de condiciones, y eso es exactamente lo que hago.
Nota mental: Llamar la atención quejándose no es una estrategia de trabajo válida. No funciona conmigo. Las decisiones se toman con el cuadrante en la mano y las necesidades del servicio por delante, no por quién grite más o quién se lamente mejor.
Seguimos en la misma línea
Para las que trabajan duro y entienden que somos un equipo: gracias. Para las que buscan el agravio comparativo en cada esquina: lo siento, pero el criterio no va a cambiar.
Seguiré repartiendo el trabajo con la misma equidad que el primer día. Porque ser justa no significa dar a todas lo que piden, sino dar a cada planta lo que necesita según la ocupación real.
