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El absurdo de los baremos en hostelería: Matemáticas de manicomio

Publicada el 04/06/202604/06/2026 por Pilar Maldonado

¡Hola a tod@s! Hoy vengo fina, porque hay días en los que una mira la planificación de tareas y no sabe si reír, llorar o pedir que baje un matemático de la NASA a explicárnoslo.

Vamos a hablar de los “baremos de limpieza”, ese concepto tan bonito sobre el papel pero que, a la hora de la verdad, se suele medir con el famoso y peligroso “ojímetro” de la dirección.

Os pongo un caso real sobre la mesa. A ver si a vosotros os cuadran los números, porque a mí me sale cortocircuito en el cerebro:

  • Caso 1: Limpieza a fondo de una barra de bar. Se asignan 4 personas durante 3 días.
  • Caso 2: Limpieza general de un hotel entero. Se asignan 7 personas durante 7 días.

Hagamos la cuenta de la vieja (que nunca falla). Para la barra de un bar tenemos 12 jornadas de trabajo. Para un hotel entero —con sus plantas, sus pasillos, sus cristales, sus zonas comunes y sus cientos de habitaciones— nos dan 49 jornadas.

¿De verdad me estás diciendo que limpiar una sola barra de bar lleva la cuarta parte del esfuerzo que reabrir o dejar niquelado un hotel de arriba a abajo? ¡Venga ya!

Las consecuencias del “Ojímetro” operativo

Cuando los de arriba reparten el trabajo basándose en las prisas, el politiqueo o el puro desconocimiento del esfuerzo físico que requiere nuestro trabajo, pasa lo que pasa:

  • El equipo, al fisioterapeuta: Mientras un grupo limpia el polvo del mismo taburete por tercera vez, el otro tiene que correr un maratón diario, saltando camas y arrastrando carros para llegar a mínimos. ¿Resultado? Dolores de espalda, bajas por ansiedad y un desgaste físico brutal.
  • Mal ambiente asegurado: Se crean favoritismos invisibles. El personal nota perfectamente cuándo a unos se les exige el milagro de los panes y los peces y a otros se les da manga ancha. Y con toda la razón del mundo, el ambiente se quema.
  • La calidad “maquillada”: Cuando no hay tiempo físico, se limpia lo que ve el cliente y se esconde lo que no. Eso no es profesional, es una chapuza a la que nos empujan por falta de planificación.

Menos intuición y más respeto técnico

La hostelería no se sostiene a base de exprimir al personal hasta que se rompa. Necesitamos baremos reales y técnicos.

Cada metro cuadrado y cada tarea tienen que estar cronometrados con cabeza, pensando en la ergonomía y en la salud de la plantilla. Si automatizamos la gestión y usamos herramientas claras para repartir el trabajo, se acaban los agravios y las injusticias.

La limpieza es una ciencia, no una adivinanza. Y hasta que algunos no entiendan que los números tienen que cuadrar en el suelo y no solo en los Excel de la oficina, seguiremos viendo estas locuras.


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