Hubo un tiempo en que la figura de la gobernanta infundía un respeto que, a menudo, rozaba el temor. Durante años, se arrastró una visión casi caricaturesca de nuestro rol: la gobernanta como “el enemigo”, la mano dura de la empresa, la persona que vigilaba con lupa cada rincón lista para la reprimenda, sin importar las circunstancias.
Es verdad que en aquellos años la gobernanta solía ser la cara visible de órdenes estrictas que venían “de arriba”. Le tocaba dar la cara, asumir el desgaste y cargar con un estigma injusto. Pero el mundo cambia, la hotelería evoluciona y nuestra labor hoy es demostrar que las cosas han cambiado… y seguir empujando para que cambien aún más.
Una línea muy fina
No nos engañemos, nuestro puesto no es sencillo. La figura de la gobernanta se mueve diariamente en una línea muy fina, un auténtico funambulismo entre las exigencias de la propiedad (los números, la rentabilidad, los estándares de calidad) y la realidad a pie de pasillo del equipo (el cansancio físico, las cargas de trabajo, la necesidad de conciliación).
Es un puente constante. Hay que saber escuchar a la dirección y entender el negocio, por supuesto. Pero la clave de la gestión moderna no está en el autoritarismo, sino en la empatía.
Mi respuesta es clara: El equipo
Si en ese delicado equilibrio a mí me dan a elegir, lo tengo clarísimo: yo elijo equipo.
Si no miro yo por mi equipo, ¿quién lo va a hacer?
Una gobernanta no es nadie sin las personas que sostienen los carros, que limpian las habitaciones y que cuidan cada detalle de los hoteles. Si el equipo no se siente respaldado, escuchado y protegido, la maquinaria se rompe. Cuidar de ellos no es ser blandas; es entender que el bienestar de las camareras de pisos y de los valets es el motor que sostiene la calidad del hotel.
Profesionalizar desde el cuidado
Humanizar nuestro departamento es el mayor acto de profesionalización que podemos hacer. Queremos dejar atrás los viejos fantasmas del pasado para dar paso a un liderazgo que enseñe, que acompañe y que entienda las realidades humanas.
Sigamos aportando nuestro granito de arena para que la visión de nuestro oficio se dignifique. Se puede buscar la excelencia operativa sin perder jamás la humanidad. Al final del día, los números importan, pero las personas importan más.
Y tú, ¿cómo vives ese equilibrio en tu día a día? ¡Te leo en los comentarios!
