Hoy vamos a hablar de un melón que tarde o temprano nos toca abrir a las que llevamos ya unos cuantos kilómetros de pasillo a las espaldas: el salto a la consultoría, la formación o la mentoría.
Y lo quiero abrir porque, seamos sinceras, el mundo está lleno de “consultores de hotel” que te diseñan unos Excel preciosos en su despacho con aire acondicionado. Te hablan de ratios, de optimización y de flujos de trabajo con unas palabras técnicas que parecen sacadas de la NASA. Pero luego les pones una mancha rebelde en una moqueta, una baja de última hora en una plantilla multicultural o un imprevisto con el proveedor, y colapsan. No han pisado una planta en su vida.
El verdadero valor de la consultoría en nuestro sector no viene de los manuales de turismo; viene de las que hemos aprendido el oficio a pie de pasillo, observando, sumando años de experiencia y, por qué no decirlo, equivocándonos y arreglándolo sobre la marcha.
El cambio de chip: De apagar fuegos a diseñar el cortafuegos
Pasar de llevar el uniforme y gestionar el caos diario de los hoteles a enseñarle a otros cómo hacerlo da un poco de vértigo. Es normal. Cambias la adrenalina del directo por la estrategia. Pero el valor que tienes guardado en la cabeza es oro puro para el sector.
¿Qué es lo que aporta una gobernanta con experiencia cuando se mete a asesorar o a formar?
- Herramientas que bajan a la tierra: No vas a vender humo ni sistemas informáticos mastodónticos que nadie entiende. Vas a enseñar a usar aplicaciones sencillas, de las que salvan la vida en el día a día para controlar averías o repartir habitaciones de forma justa.
- Hablar dos idiomas a la vez: Ese es tu superpoder. Sabes hablar el idioma de los números y los costes que te pide el director en la reunión de arriba, pero también conoces al milímetro el idioma del esfuerzo, el sudor y el lenguaje de tu equipo en las plantas. Eres el puente perfecto.
- Lo que no viene en los libros: Un manual te dice cómo revisar una habitación, pero no te enseña la psicología que hace falta para liderar un equipo diverso, mantener el listón alto sin perder la empatía, o cómo compenetrarte a ciegas con tu Subgobernanta para que el departamento funcione como un reloj. Eso se contagia, no se estudia.
Profesionalizar es dejar legado
Llega un momento en la carrera en el que mirar atrás y ver todo lo que has superado no debe quedarse en el currículum. Compartir ese conocimiento, dar formación a las nuevas generaciones o asesorar a hoteles que van perdidos es la mejor forma de dignificar nuestra profesión. Es hacer que las que vienen detrás no tengan que tropezar con las mismas piedras que tropezamos nosotras.
El techo de nuestro oficio no es jubilarse a pie de planta con la espalda rota; es subir un escalón y transformar todas tus batallas en lecciones para los demás.
Y ahora te toca a ti: ¿Te has planteado alguna vez dar el salto a la formación y la consultoría para compartir tu experiencia, o eres de las que necesita la adrenalina del hotel para vivir?
