Hay dos tipos de clientes en un hotel: los normales y los que usan el cartel de “No Molestar” como si aquello fuera un búnker antiatómicos.
Para el que está de vacaciones, colgar el cartón o dar al botoncito rojo es una tontería. Para nosotras, ver ese cartelito a las once y media de la mañana es saber que el día ya se ha ido al garete. Es la señal de que las últimas tres horas de curro van a ser una carrera de obstáculos y prisas.
Vamos a hablar claro de la fauna que cuelga estos carteles y de cómo gestionarlo en los pasillos para que no acabemos siempre haciendo horas de más (y de gratis).
Los clásicos del “No Molestar”
Cualquiera que haya empujado un carro sabe que hay tres tipos de elementos detrás de esa puerta:
- El Despistado: Puso el cartel el primer día por la noche para que no le despertaran y ahí se ha quedado el cartón, pegado al pomo tres días seguidos. El tío está en la playa tan tranquilo y luego volverá protestando porque no tiene toallas limpias.
- El Caradura del Check-out: Son las 11:55 y se tiene que ir a las 12:00. Está atrincherado estirando el aire acondicionado hasta el último segundo. Cuando por fin sale con la maleta y una sonrisita de “qué bien he dormido”, te asomas y la habitación es un campo de batalla. Ropa por el suelo, restos de comida… y tú tienes que dejarla niquelada en veinte minutos porque los siguientes clientes ya están abajo esperando entrar.
- La Habitación Misterio: El cartel no se quita jamás. Ni limpieza, ni toallas, ni bolsas de basura. Ahí es cuando a la gobernanta se le encienden las alarmas: ¿le habrá pasado algo o es que cuando abramos la puerta nos va a hacer falta un traje de astronauta para limpiar la roña?
La realidad del pasillo: Un cartel de “No Molestar” que se queda puesto hasta el mediodía te rompe el ritmo. Te obliga a saltarte la habitación, a dar paseos con el carro para arriba y para abajo para ver si ya han salido, y a acumular lo peor del día para el final, cuando ya te duelen hasta las pestañas.
El truco de los despachos: El tiempo no se estira
El gran problema de esto es que los de arriba (dirección y recepción) muchas veces no quieren ver el tiempo que se pierde con estas tonterías.
Si llevas 16 habitaciones y a media mañana tienes 4 con el cartel puesto, tu planning se ha roto. Esos paseos de “voy a ver si ya ha salido el de la 204” no entran en los minutos que te dan por habitación, pero a ti te cansan el doble.
Y lo mejor es que cuando el cliente sale tarde, la habitación no se limpia sola más rápido. Está el doble de sucia, pero a ti te exigen los mismos minutos de siempre. No salen las cuentas por ningún lado.
Qué podemos hacer desde pisos (Sin milagros, pero con las cosas claras)
Para que el cartelito no nos amargue la vida, hay que poner las cartas sobre la mesa con Recepción:
- A las 11:00 se llama de recepción: Esto tendría que ser sagrado. A las 11:00, habitación que siga con el cartel puesto, llamada que te crió. Un “Buenos días, llamamos por si va a querer que le limpiemos la habitación hoy…” te ahorra la mitad de los problemas. Si dicen que no, se apunta y listo. Si no contestan, ya sabemos que el cliente se ha ido y se ha dejado el cartón puesto.
- A las 12:00, si es salida, manda pisos: Si es la hora de irse y el cartel sigue ahí, esa habitación se va al final de la lista. Y si no da tiempo por reloj, que se encargue el turno de tarde o que recepción le cobre un extra al cliente por salir tarde, pero la camarera no tiene por qué correr el doble.
- Dos días seguidos es el límite: Si un cliente lleva dos días con el cartel puesto, se pica a la puerta sí o sí. Por seguridad del hotel y por la salud mental de la gobernanta. Hay que ver qué pasa ahí dentro.
Menos excusas y más respeto
El cliente tiene derecho a dormir, faltaría más. Pero su derecho a quedarse pegado a las sábanas no puede significar que la trabajadora de pisos tenga que reventarse la espalda a última hora para recuperar el tiempo perdido.
Organizar esto con mano dura no es ser pesadas, es defender nuestro trabajo. Porque detrás de cada cartón de “No Molestar” hay una compañera que lo único que quiere es terminar sus habitaciones a su hora e irse a su casa entera. Y eso sí que no se toca.
