¡Hola a todas!
¿Cómo va ese café? Espero que mejor que mi stock de lencería, porque os escribo esto con las pulsaciones a mil.
Seguro que os suena la película: primer fin de semana de “sold out”, el hotel a reventar, las camareras con el carro listo para darlo todo y, de repente… el drama. Abres el armario y ahí están: las baldas de las fundas de almohada más vacías que la nevera un lunes por la noche.
Llamas a la lavandería. Nada. Vuelves a llamar. Buzón de voz. Y tú ahí, mirando el reloj de recepción porque los clientes ya están asomando por la puerta con ganas de su check-in.
¿Qué hacemos cuando el camión no llega?
Hoy os cuento cómo estoy sobreviviendo a este “bautismo de fuego” de la temporada:
- Sinceridad total con Recepción: Ni se os ocurra callaros. He bajado y les he dicho: “Chicos, o aparece el camión o las entradas de las 12:00 van a tener que esperar”. La guerra no se gana si cada departamento va a su bola.
- Operación “Rastreo”: Estamos rescatando hasta la última funda del retén de emergencia (ese que guardo bajo llave como si fuera oro en paño) y revisando las habitaciones de salida que aún no se han tocado por si quedó algo del día anterior que se pueda lavar in situ para un apuro.
- Paciencia con el equipo: Las chicas están nerviosas porque quieren terminar su planta y no pueden. Toca hacer de psicóloga, repartir ánimos y asegurarles que, si el camión no llega, la culpa no es de sus manos.
(para cuando pase la tormenta)
Esto nos pasa por confiar en que “este año será diferente”. Mañana, cuando el camión aparezca con cara de “aquí no ha pasado nada”, tocará sentarse con el proveedor y revisar ese contrato. O mejor aún, replantearnos si nuestro par stock necesita un refuerzo urgente antes de que llegue el verano de verdad.
¿cómo vais de suministros? ¿Algún truco de última hora para cuando las fundas deciden no aparecer? Contadme vuestras penas (o vuestras victorias) en los comentarios, que mal de muchos… ¡ya sabéis!
