A menudo, en los pasillos o en las reuniones de dirección, escucho ese susurro de algunas compañeras: “Es que eres demasiado blanda con tu equipo”. Lo dicen como un reproche, como si ser buena persona fuera un defecto de fábrica para una gobernanta.
Vienen de la “vieja escuela”, esa donde se cree que si no hay tensión, el personal se relaja, y que si no eres intransigente, te “toman el pelo”. Pero después de 19 años al frente de departamentos de pisos, tengo algo muy claro: esas compañeras están equivocadas.
El mito de la “mano dura”
La vieja escuela confunde el miedo con el respeto. Creen que para que las plantas brillen, la gobernanta tiene que ser un sargento. Yo he aprendido que el látigo solo sirve a corto plazo. Un equipo que trabaja bajo presión constante termina quemado, comete errores por los nervios y, a la mínima oportunidad, se va a otro hotel.
¿Me toman el pelo o me dan resultados?
Cuando me dicen que mis camareras “hacen lo que quieren”, yo no entro en discusiones. Simplemente miro la realidad de mi día a día:
- El trabajo sale: Sin necesidad de gritos ni de estar encima de cada persona como un policía. El servicio fluye.
- El compromiso es real: Cuando hay una urgencia o un imprevisto (y en un hotel siempre los hay), mi equipo responde. No lo hacen por miedo a una sanción, lo hacen por lealtad a una gestión que las respeta.
- Baja rotación: En un sector donde encontrar personal comprometido es cada vez más difícil, mi equipo se mantiene. La experiencia que ellas acumulan gracias a un buen ambiente de trabajo es lo que hace que el hotel funcione como un reloj.
Ser buena persona no es ser débil
Parece que en el siglo XXI todavía hay que pedir perdón por ser humana. Soy buena persona, ¿qué le voy a hacer? Entiendo que detrás de cada uniforme hay una mujer con sus problemas, sus cansancios y su vida. Ser flexible cuando la situación lo requiere no es “dejarse engañar”, es gestionar con inteligencia emocional.
Si durante casi dos décadas mi sistema ha funcionado, si las habitaciones están listas y mi equipo trabaja a gusto, ¿quién es la que está equivocada?
Conclusión
Hemos avanzado. El autoritarismo es el refugio de quienes no saben liderar de otra manera. Yo prefiero seguir siendo la gobernanta “blanda” que consigue que el trabajo salga adelante con una sonrisa, que ser la gobernanta “fuerte” que tiene un departamento lleno de gente deseando marcharse.
Al final, los resultados son los que hablan, y mis 19 años de trayectoria son la mejor respuesta a cualquier crítica.
