A ver, que levante la mano la que no haya repasado el cuadrante de turnos mentalmente a las tres de la mañana. ¿Nadie? Lo sabía.
Ser gobernanta es un “deporte de riesgo” mental. Entre el cliente que quiere las almohadas de pluma de ganso (y las quiere ya), la baja de última hora y ese pedido que no llega, nuestro cerebro va a mil por hora. Pero, amiga, hace tiempo que no duermes bien y eso empieza a pasar factura.
El modo “Check-list” no se apaga solo
Llegas a casa, te sientas en el sofá y, en lugar de relajarte, ves una pelusa debajo de tu propio aparador. ¡Error! Tenemos el ojo tan entrenado para el fallo que no sabemos desconectar el radar.
- El truco de la libreta: Ten una libreta en la mesita de noche. Si te asalta un “¡Ostras, la 210 no tenía el minibar lleno!”, lo escribes y lo sueltas. No dejes que ese pensamiento se quede dando vueltas como una lavadora en mal estado.
Tu habitación no es una zona de guerra
Nos pasamos el día dejando las habitaciones de los huéspedes impecables, ¿y la nuestra qué?
- Hazte un “VIP” a ti misma: Una cama bien estirada, sábanas que huelan a limpio (el suavizante de toda la vida ayuda) y nada de móviles.
- El móvil, lejos: Si te pones a ver fotos de habitaciones o quejas en el grupo de WhatsApp antes de cerrar el ojo, vas a soñar con el uniforme puesto. ¡Prohibido!
Tus piernas también tienen derecho a huelga
Después de 10 kilómetros por los pasillos, tus piernas están gritando. A veces no dormimos del dolor o la inquietud.
- Baño de contraste: Un poco de agua fría en las piernas antes de dormir hace milagros para la circulación. Y si puedes, pon las piernas en alto un ratito mientras lees algo que no tenga nada que ver con el hotel.
No eres de hierro (y no pasa nada)
Parece que las gobernantas tenemos que ser máquinas perfectas que todo lo solucionan. Pero si no duermes, el café deja de hacer efecto y el humor se nos pone… bueno, ya sabes cómo se nos pone.
Moraleja: El hotel va a seguir ahí mañana. El mundo no se acaba porque una noche decidas que tu prioridad eres tú y no el inventario de toallas.
¿Y tú? ¿Eres de las que cuenta ovejas o de las que cuenta fundas de nórdico cuando no puede dormir? ¡Suéltalo en los comentarios, que desahogarse también ayuda a descansar!
