A veces me detengo un segundo y me hago esta pregunta: si yo soy la que organiza, la que sostiene, la que soluciona y la que cuida… ¿quién se encarga de que yo esté bien?
Creo que muchas de nosotras conocemos muy bien esa sensación. Ese papel de “gobernanta” de nuestras propias vidas (y, a veces, de las vidas de todos los que nos rodean) es agotador. Nos hemos vuelto expertas en gestionar el caos ajeno, en tener el control y en asegurar que todo brille, mientras, por dentro, nuestras propias baterías están en rojo parpadeante.
La trampa de ser “el pilar”
Nos han enseñado, a veces de forma implícita, que nuestra valía está ligada a nuestra capacidad de servicio. Nos convencieron de que ser “fuerte” significa poder con todo sin pedir ayuda. Pero seamos honestas: ser el pilar no significa ser de piedra.
Cuando te conviertes en la persona que cuida de todos, el mundo da por sentado que siempre vas a estar ahí, disponible y lista. Y lo peor es que, a menudo, nosotras mismas alimentamos esa idea porque nos cuesta soltar las riendas, por miedo a que si dejamos de empujar, todo se desmorone.
Es hora de dejar de pedir permiso para cuidarnos
He aprendido (a veces a base de tropiezos) que el autocuidado no es una lista de tareas pendientes ni un capricho de fin de semana. Es una necesidad vital.
Si queremos dejar de sentir que el mundo nos pesa sobre los hombros, tenemos que cambiar las reglas del juego:
- Aprender a decir “hoy no puedo”: Sin explicaciones largas. Solo un límite claro.
- Dejar de ser imprescindibles: Si tú no estás, el mundo no se acaba. Otras personas también tienen manos, pies y capacidad de hacerse cargo de sus cosas. Deja que aprendan.
- Pedir ayuda antes de llegar al límite: No esperes a que el cuerpo o la mente te obliguen a parar. La ayuda es un derecho, no una señal de debilidad.
Una reflexión final
Hoy te invito a soltar la “gobernanta” que llevas dentro durante al menos una hora. Suelta el control, deja que otros se encarguen y, sobre todo, pregúntate qué necesitas tú hoy. ¿Un poco de silencio? ¿Que alguien te escuche? ¿Simplemente dejar de resolver problemas por un rato?
No viniste a este mundo solo para cuidar de otros. Viniste para vivir, para sentir y para ser, también, cuidada.
¿Te has sentido así últimamente? ¿Te cuesta soltar las riendas o pedir ayuda cuando lo necesitas? Te leo en los comentarios.
