Hoy escribo desde la frustración más profunda. Quienes estamos al frente de un equipo de pisos sabemos que nuestro trabajo no es solo gestionar habitaciones o cuadrantes, es gestionar personas. Y hoy, sinceramente, siento que el equipo no ha respondido.
La balanza descompensada
Como gobernanta, mi filosofía siempre ha sido la de facilitar las cosas. Creo firmemente en que un equipo que se siente escuchado rinde mejor. Por eso:
- Me esfuerzo en cuadrar las fiestas y días libres para que todos puedan conciliar.
- Intento ser flexible cuando surge una urgencia personal o una salida inesperada.
- Cuando sabemos que el hotel va completo y el día va a ser duro, muevo cielo y tierra para traer ayuda externa. Sé que no es la mejor solución del mundo, pero es un refuerzo para que no carguen con todo solas.
Sin embargo, hoy la realidad me ha dado un golpe de realidad. Me he encontrado con:
- Falta de ritmo: Una lentitud que no se justifica, ni siquiera con la ocupación al 100%.
- Falta de orden: Carros que son un desastre, lo cual refleja la falta de cuidado por el material y el detalle.
- Escaqueos: Esa sensación de que, en cuanto te das la vuelta, el compromiso desaparece.
¿Dónde queda la responsabilidad?
Es agotador sentir que remas sola. Es frustrante ver que, mientras tú te desvives por cubrirles las espaldas, mejorar sus condiciones y buscar refuerzos fuera, la respuesta es la ley del mínimo esfuerzo.
“El liderazgo es una calle de dos direcciones. Yo ofrezco flexibilidad y recursos; a cambio, solo pido profesionalidad y que el equipo arrime el hombro cuando más se necesita.”
¿Y ahora qué?
Mañana será otro día, y aunque hoy tenga ganas de salir corriendo y no volver, sé que mi responsabilidad es reconducir la situación. Toca sentarse, revisar los puntos críticos y recordar que el apoyo y las facilidades son un reconocimiento al buen trabajo, no una licencia para dejar de cumplir.
A mis compañeras gobernantas que pasáis por lo mismo: no estáis solas. Todas hemos sentido ese peso en el pecho al ver que, por mucho que des, a veces recibes desidia a cambio.
