Lo que realmente quería compartir con vosotras hoy es algo que no sale en los manuales de gestión hotelera. A menudo se dice que “el puesto de Gobernanta es muy solitario”, y es verdad… a menos que tengas la suerte que tengo yo.
Mi segunda no solo me ayuda a que las habitaciones estén de diez; ella me cuida a nivel personal.
- Ese sexto sentido: Sabe cuándo he pasado una mala noche o cuándo el estrés me está pasando factura antes de que yo misma me dé cuenta.
- El refugio en el caos: En esos días donde todo parece ir al revés, ella es la que me saca un momento del “ruido”, la que me escucha y me da ese espacio para desahogarme sin juicios.
- Cero competencia, todo equipo: No busca el protagonismo, busca que ambas estemos bien. Sentir que alguien se preocupa por tu bienestar emocional, y no solo por si han salido las salidas a tiempo, es un regalo.
Hay personas que llegan a tu vida para hacerte el trabajo más fácil, pero hay otras que llegan para hacerte la vida más fácil.
Tener a alguien que te diga: “Tómate diez minutos, yo me ocupo, te veo en la cara que lo necesitas”, no tiene precio. Es esa complicidad que te hace sentir que, pase lo que pase en el hotel, no estás sola ante el peligro.
Ese apoyo emocional es lo que me permite seguir liderando con ganas. Porque saber que alguien te cuida te da la fuerza para seguir cuidando tú de todo lo demás.
