Hay mañanas en las que parece que Mercurio está retrógrado, pero solo para el departamento de pisos. Tú llegas a las 7:00 am, con tu lista de salidas, tus VIPs anotados y tu cuadrante que es una obra de arte de la ingeniería. Y entonces, empieza la magia (de la mala).
El festival del WhatsApp
Primero un mensajito: “Jefa, que el niño ha pasado mala noche”. Luego una llamada: “Que me he torcido el tobillo bajando la escalera”. Y para rematar, la que ni contesta ni aparece.
De repente, te sobran 40 habitaciones y te faltan dos pares de manos. Miras el pasillo y el silencio te devuelve la mirada. Bienvenida al misterio de la camarera invisible.
El arte de “estirar” el tiempo
¿Qué hacemos nosotras? Pues lo que mejor se nos da: magia negra.
- Reajustas el carro de la que sí ha venido (con cara de “no me mates, Juani”).
- Priorizas las salidas como si fuera un triatlón.
- Y tú, que ibas a revisar plantas con toda la calma, acabas con el moño deshecho y el spray en la mano porque “no llegamos”.
Lo que más rabia da no es el trabajo (que ya sabemos lo que hay), sino esa sensación de que el plan que hiciste con tanto mimo se ha ido al traste en diez minutos.
Mi consejo de “trinchera”:
- No entres en pánico (delante de ellas): Si te ven agobiada, el equipo se hunde. Respira y reparte el muerto con una sonrisa (aunque sea fingida).
- La lista de “lo mínimo”: Hay días que no se puede brillar, solo sobrevivir. Asegura las entradas y que las limpias estén impecables. Lo demás… mañana será otro día.
- Ficha a las “fantasmas”: Si siempre es la misma la que tiene “tobillos de cristal” los lunes, igual toca tener una charlita de las de “café sin azúcar”.
Al final, el hotel abre, los clientes entran y nadie se entera de que nos han faltado dos soldados en la batalla. Porque somos gobernantas, y si algo sabemos hacer, es que lo invisible no se note.
¿Cuál ha sido la excusa más creativa que os han soltado un lunes por la mañana? ¡Contádmelo abajo, que quiero reírme un poco!
