Cada enero nos bombardean con la misma historia: apuntarse al gimnasio, contar los pasos con el reloj y hacer yoga para conectar con el “yo interior”. Yo siempre sonrío para mis adentros. ¿Para qué me voy a apuntar a un gimnasio si liderar el departamento de pisos es el entrenamiento de alta intensidad definitivo?
Si a cualquier monitor de Crossfit le dieras el mapa de un hotel de más de 200 habitaciones a tope de ocupación y le dijeras que hay que coordinarlo todo a contrarreloj porque las entradas ya están apretando en recepción, le daría un síncope.
Hoy vamos a dejar a un lado los gráficos de rendimiento para repasar con humor esas “disciplinas olímpicas” que practicamos a diario en los pasillos sin darnos cuenta.
Nuestro catálogo de disciplinas olímpicas cotidianas
Para trabajar aquí no necesitas mancuernas; te convalidan el título directamente con las situaciones surrealistas del día a día:
- Maratón con obstáculos en el pasillo: Consiste en avanzar a paso ligero sorteando un carro de lencería, el carrito de los amenities, una montaña de sábanas que va directa a lavandería y al cliente despistado que va en bañador buscando la piscina en la planta equivocada. Todo esto manteniendo la elegancia y sin soltar el walkie ni la tablet.
- Halterofilia con edredones gigantes: Pelear cuerpo a cuerpo en solitario contra un nórdico de cama king size que parece tener vida propia y resistirse a encajar. Eso no es estirar los brazos, eso es tonificación muscular de primer nivel mientras calculas mentalmente cuántas salidas quedan por revisar.
- Esgrima con plumeros y fregonas: El arte de limpiar el rincón más inaccesible o comprobar el riel de la cortina con la agilidad de un espadachín, asegurando que el ojo clínico de la gobernanta no detecte ni un milímetro de polvo.
El misterio de las calorías que gasta la mente
Luego está el desgaste mental, que ese sí que debería quemar el doble. Ese momento en el que tu Subgobernanta y tú os cruzáis en un pasillo, os miráis fijamente y, sin decir una sola palabra, os comunicáis por telepatía: “Habitación 312, salida tardía imprevista, cambio de planes ya”. Eso es conexión y lo demás son tonterías.
O cuando abres la aplicación de gestión de pisos y ves que el mapa se pone en alerta roja por un imprevisto de última hora. En ese segundo tu cerebro activa el modo “supercomputadora”, recalculando la distribución del personal de forma equitativa en tres idiomas diferentes y sin perder los papeles. ¡Eso consume más energía que una hora de spinning!
La próxima vez que alguien te hable de los beneficios de caminar 10.000 pasos al día, enséñale el contador de tu teléfono a media jornada. Te pedirá perdón de rodillas.
La mejor recompensa: El “momento office”
Al final del turno, ni batidos de proteínas ni barritas energéticas. El mejor recuperador muscular del mundo son esos cinco minutos en el office con el equipo, compartiendo un café rápido y riéndonos del último misterio del día (como ese cliente que ha llamado indignado porque no encontraba las toallas y las tenía puestas de almohada).
Nuestra profesión es dura, nos exige estar en una forma física y mental increíble, y tiene momentos tan locos que si los grabáramos no se los creería nadie. Pero qué queréis que os diga: la satisfacción de ver el hotel reluciente, el trabajo bien hecho y a tu equipo unido no se paga con ninguna cuota de gimnasio. ¡Nosotras somos las que movemos el motor del hotel!
