Pasa una vez al mes y no hace falta mirar la agenda para saberlo. Hay un runrún en el ambiente desde primera hora, un aviso que vuela de boca en boca por todos los pasillos: «Oye, que hoy viene la propiedad».
Y de repente, el milagro.
El director aparece impecable, con una tranquilidad y una amabilidad que no se le veían desde la visita anterior. En recepción no hay ni un papel fuera de su sitio, el bar parece un bodegón de revista, los mostradores brillan y la música de fondo suena al volumen exacto. Todo el mundo está en su puesto, con una sonrisa de oreja a oreja, modositos, educados y sin una sola queja. Durante una hora, el hotel parece un anuncio de televisión donde todo fluye en perfecta armonía.
Es alucinante lo rápido que se desmonta el escenario en cuanto los pilotos traseros del coche se pierden de vista:
Pero el dueño cruza la puerta principal, se sube al coche… y se cae el telón.
- El bajón de brazos instantáneo: Gente que hace diez minutos corría como si le fuera la vida en ello, de repente pasa a andar en cámara lenta o desaparece misteriosamente en los rincones donde no llegan las cámaras.
- El regreso del estrés acumulado: La sonrisa de escaparate se borra de golpe. Vuelven las malas caras, los resoplidos, el cansancio que se llevaba aguantando toda la mañana y el mal humor acumulado.
- La cruda realidad: Los problemas de fondo, los que nadie quiso sacar a relucir durante la inspección para «no dar mala imagen», siguen exactamente ahí, sin resolver, esperando al de siempre.
Montar este circo una vez al mes solo sirve para dejar a la plantilla más quemada de lo que estaba. Fingir que todo es perfecto agota más que el propio trabajo.
Al final, la pregunta que tendría que hacerse la dirección no es cómo hacer para que el hotel parezca idílico cuando viene el dueño, sino por qué nos cuesta tanto mantener un ambiente de trabajo sano, normal y coordinado el resto de los 29 días. Porque un hotel no vive de las visitas de la propiedad; vive del día a día, cuando las puertas se cierran y la función se acaba.
