En nuestra labor diaria, gestionamos habitaciones, inventarios y procesos técnicos, pero sobre todo, gestionamos personas. Y es precisamente ahí donde nos encontramos con el mayor reto: qué hacer cuando una integrante del equipo confunde el entorno laboral con un terreno de juegos emocional.
Seguro que alguna vez te has encontrado con esa situación: ante una negativa o un cambio de planes necesario por operativa, la respuesta no es la comunicación, sino el silencio, el desplante o la actitud desafiante propia de quien no ha aprendido a gestionar la frustración. Como Gobernanta, esto nos coloca en una posición incómoda: el lunes es un día de máxima ocupación y la duda sobre si esa persona se presentará o si romperá el ritmo de trabajo se convierte en un ruido mental innecesario.
¿Cómo gestionar este “secuestro emocional”?
- Separa la conducta de la persona: No es un ataque personal hacia ti, es una incapacidad de la otra persona para regular sus emociones. Verlo así te ayuda a mantener la distancia necesaria para no perder los nervios.
- No entres en el juego del silencio: Si has intentado explicar las razones operativas y no hay apertura al diálogo, has cumplido con tu parte. No persigas la validación de quien no quiere entender. Tu rol es dirigir, no convencer.
- El protocolo sobre la emoción: Como gestoras, debemos basarnos en hechos. Deja clara la expectativa: “Entiendo que estás molesta, pero el servicio debe continuar. Espero tu profesionalidad para el lunes. Si no puedes cumplir con tus responsabilidades, el protocolo de la empresa dicta los pasos a seguir”.
- Crea un plan de contingencia: Si la falta de fiabilidad es constante, no dejes tu tranquilidad en manos de su madurez. Ten previsto cómo cubrir ese puesto si ella no se presenta. Saber que tienes un plan te devolverá la calma y te permitirá disfrutar de tu descanso sin que su pataleta te afecte.
El mensaje clave: No podemos cambiar la madurez de los demás, pero sí podemos controlar cómo reaccionamos ante ella. Tu equipo depende de tu serenidad, no de que logres que todo el mundo esté de acuerdo contigo. Mantén el enfoque en la excelencia, sé firme en los procesos y, sobre todo, no permitas que la inmadurez de alguien comprometa tu salud mental ni el éxito del equipo.
¿Y ahora qué hacer este fin de semana?
- Desconecta por protocolo: Si ya hablaste con ella, no hay nada más que hacer. Escribe tu plan de contingencia mentalmente (o en papel): si el lunes no aparece, ¿quién puede cubrirla? ¿Cómo reorganizas las tareas rápidamente? Una vez hecho, cierra esa carpeta en tu cabeza.
- No le escribas más: Si te ha dejado de hablar, respeta ese espacio. Cualquier mensaje adicional tuyo puede ser visto como una forma de ceder ante su actitud. Mantén tu postura profesional.
- Documenta: Si esta conducta es recurrente, empieza a registrar las fechas de los desplantes y cómo han afectado a la operativa. No por atacar, sino por tener información objetiva si en el futuro debes tomar decisiones sobre su continuidad en el equipo.
