Si antes hablábamos de encontrarse el carro pelado, ahora vamos al otro extremo. Ese momento en el que te toca cubrir una libranza, llegas al piso con toda tu buena voluntad y… ¡sorpresa! No hay nada. Ni una bayeta, ni el bote del ambientador “bueno”, ni una triste funda de almohada. Parece que la camarera, antes de irse de fiesta, ha pasado por el piso como si fuera a venir el apocalipsis y ha decidido enterrar el botín.
El “Mi tesoro” de los pasillos
Todas conocemos a esa compañera que trata su office como si fuera el búnker de un banco. Lo entendemos: le gusta tener sus cosas controladas. Pero, amiga, que cuando tú libras, ¡el hotel sigue abierto!
Esconder el material no es ser organizada, es ponerle la zancadilla a la compañera que viene a ayudarte. ¿El resultado? La “correturnos” pierde media mañana buscando la llave del armario secreto o mendigando un bote de desengrasante a la del piso de arriba.
¿Por qué esto es una faena (y de las gordas)?
- Pérdida de tiempo: La que correturnos ya va estresada porque no es su zona, si encima tiene que jugar a “Sherlock Holmes” para encontrar el papel, no termina las habitaciones ni para la cena.
- Mal ambiente: Esto genera un “tú me lo escondes, yo te lo desordeno” que acaba en guerra mundial en el comedor.
- Mala imagen: Si una camarera tiene que ir pasillo arriba, pasillo abajo buscando cosas, el cliente lo ve. Y no da buena espina.
Consejos para la Gobernanta (para que no te la den con queso):
- Inventario de office: Las llaves de los armarios de los pisos son del hotel, no de la camarera. Ten siempre un duplicado y deja claro que el material es para uso común.
- El “kit de bienvenida”: Si sabes que tienes una camarera “especialita”, asegúrate de que el día que ella libra, el office tenga lo básico a la vista.
- Charlita de equipo: Hay que recordar que no somos dueñas de las bayetas. Hoy estás tú, mañana otra, pero el objetivo es que las habitaciones salgan perfectas.
Un mensaje para las camareras “hormiguitas”:
Sabemos que te da rabia que te toquen tus cosas y te las dejen desordenadas, pero esconder el material solo hace que la que te cubre trabaje peor. Y si ella trabaja mal, el piso se te cae a ti cuando vuelvas. ¡Suelta el botín, que hay para todas!
