Admitámoslo: no hay nada que dé más rabia que volver de tus dos días de descanso, con las pilas cargadas (o eso intentas), y que al llegar a tu puesto parezca que por tu carro ha pasado un huracán.
Ni una sábana de 1,50, el bote de multiusos vacío y, por supuesto, ni rastro de las fundas de almohada. ¿Te suena, verdad?
El misterio de la camarera que “pasa” de todo
A ver, que todas hemos tenido días malos y prisas. Pero una cosa es dejarse un par de toallas por reponer y otra muy distinta es que la compañera que te ha cubierto la fiesta haya usado tu carro como si fuera un “todo gratis” y no se haya molestado ni en vaciar la basura.
¡Compañerismo, señoras, que la guerra está ahí fuera, no en el office!
Las reglas no escritas (que deberían estar por escrito)
Para que la vuelta de las vacaciones no sea un drama, aquí van unos consejitos de “gober” que sabe de qué va el tema:
- El que lo usa, lo llena: Es la ley de la selva del hotel. Si has gastado la última bolsa de basura, ¡pon otra! No dejes que la que llega el lunes tenga que irse de excursión al almacén antes de hacer la primera habitación.
- No somos adivinas: Si dejas el carro vacío porque no han traído ropa, deja una nota. Un post-it que diga “Oye, no hay toallas de mano en todo el hotel” ahorra muchos paseos y algún que otro grito.
- El “momento foto”: Chicas, si llegáis y el carro está hecho un desastre, foto y a la gobernanta. No es por mal meter, es que si no se dice, la que se lleva la bronca por ir tarde eres tú, y eso no es justo.
Mensaje para las que cubren puestos:
Ponte en el lugar de la otra. Mañana serás tú la que libre y querrás encontrarte tus cosas en su sitio. Dejar el carro montado y limpio no cuesta tanto y te garantiza que cuando tú vuelvas, nadie te mire con cara de pocos amigos.
Conclusión: Un carro bien montado es media jornada ganada. Vamos a querernos un poco más entre nosotras, que el trabajo ya es bastante duro de por sí.
