Carros del año de la polka y la espalda hecha polvo Seguimos tirando de maquinaria que tendría que estar en un museo, aspiradoras que solo hacen ruido pero no aspiran, y carros que pesan un quintal y se quedan sin ruedas a mitad del pasillo. Luego nos extrañamos de las bajas por la espalda. Trabajar así no solo frena el ritmo, es que te destroza el cuerpo. ¿Tanto cuesta invertir en herramientas que nos hagan la vida un poco más fácil?
«Limpiar sabe hacerlo cualquiera» (y otros cuentos chinos) Esa es otra. Cuando hay que recortar gastos, ¿qué es lo primero que se tiran a la basura? Las formaciones. Total, para pasar la mopa no hace falta estudiar, ¿no? Pues no. Hay protocolos, productos químicos que hay que saber manejar, ergonomía para no reventarte y una gestión de tiempos al milímetro. Pero claro, es mejor no gastar un euro y exigirnos que sepamos de todo por arte de magia.
Plantillas bajo mínimos y el agua al cuello Metes a menos gente de la que hace falta, le pones 20 habitaciones por turno a cada camarera y esperas que salgan perfectas en diez minutos. ¿Resultado? Quemazón, estrés a tope y un equipo que cambia cada dos por tres porque nadie aguanta el tirón. Y cuando algún cliente se queja de un detalle, ¿quién acaba dando la cara? Nosotras, las de siempre, que estamos en primera línea sin chaleco antibalas.
Ya vale de ser el vagón de cola A ver si les entra en la cabeza de una vez: el departamento de Housekeeping no es ese pozo sin fondo por donde se va el dinero. Somos la columna vertebral del hotel. Si las habitaciones no están impecables, da igual lo bonito que sea el hall o lo simpático que sea el recepcionista.
Sin recursos, sin formación y sin una plantilla decente no se puede trabajar. O empiezan a rascarse el bolsillo e invertir en el equipo de pisos, o seguiremos aguantando el chaparrón sin paraguas y con el culo al aire.
