Me preguntan mucho cómo consigo llevar dos hoteles a la vez y gestionar dos equipos sin acabar tirando la toalla. La respuesta es sencilla: no confío en mi memoria —porque al final te falla—, no confío en la improvisación —porque el hotel no te deja respirar— y, sobre todo, no intento hacerlo todo yo. Confío en mi sistema y, sobre todo, en mis segundas.
El “sistema” no es un capricho, es mi escudo
Llevo 35años en esto y he aprendido que si no tienes un método, el caos te come. Cuando me siento a hacer el planning, no miro a ver a quién le apetece trabajar o quién se queja más. Miro los datos: qué habitaciones están libres, cuáles ocupadas y cuáles son salidas.
Cuando el reparto de tareas es transparente y se basa en el trabajo real, se acabaron las excusas de “es que a mí siempre me toca lo más difícil”. Los números no tienen sentimientos y no tienen favoritos. Si el planning es justo, las quejas se quedan sin argumentos. Y ahí es cuando recupero mi paz mental: ya no tengo que dar explicaciones de por qué hago las cosas; el sistema habla por mí.
Mis “segundas”: no son mi sombra
Un hotel es un bicho vivo. Puedes tener el mejor Excel del mundo, que si surge un imprevisto, alguien tiene que estar ahí para resolverlo. Ahí es donde entran mis segundas.
Tener a alguien en quien confiar al 100% es lo que marca la diferencia entre ser una gobernanta que vive apagando fuegos y una que dirige. Mis segundas no están para seguirme a todos lados, están para ser mis ojos cuando yo no estoy.
- Cuando delegas bien, no solo te quitas carga mental, sino que les das a ellas la oportunidad de crecer.
- La comunicación entre nosotras es directa y sin rodeos; no perdemos tiempo en papeles, vamos al grano.
- Saber que el hotel va a funcionar igual de bien si yo tengo que estar en la otra propiedad es lo que me permite dormir tranquila.
La realidad de nuestra profesión
Si hubiera seguido intentando controlarlo todo a mano, a estas alturas ya estaría fuera de juego. He aprendido que para sacar este barco adelante, hay que rodearse de gente que quiera trabajar y usar las herramientas necesarias para que el trabajo sea más eficiente y menos pesado.
A todas las compañeras que hoy sienten que cargan con el hotel a sus espaldas: buscad vuestro sistema, que os hará la vida más fácil, pero sobre todo, cuidad a vuestra “mitad”. Ninguna gobernanta llega lejos sola, y trabajar con gente en la que confías es lo único que hace que este trabajo merezca la pena.
